21 octubre 2012

Lo-fi

Las piernas, como las de una muñeca sin vida, del revés, combadas. Tu cabeza medio girada, caída, apoyando la mejilla amorfamente sobre uno de tus hombros, de tus manos semiabiertas resbalaban olas de sangre. Las caracolas habían crecido en las patas de la silla de madera; una silla de madera de Saloon, de película del Oeste Americano, agujereada por las termitas. De tus ojos parpadeantes se escapaban ráfagas de vida. Los talones atados a la silla, tu boca amordazada dejaba escapar suspiritos de neón. Alguien espantaba a las moscas que se posaban en tu sangre. En qué pensarías. Afuera, aún se oían algunos tiros. Pero todos conservábamos la calma, esto era la vida aquí. Esto era la medida de la vida aquí. Desenrosco la gasa, corto el esparadrapo.


 

13 octubre 2012


Corre el humo a través de tus dedos. Desde tu boca, por entre tus dientes, atraviesa el frío, se estrella contra el escaparate y rebota, vuelve hacia a ti, trata de enroscarse en mi pelo, me agacho un poco para evitarlo y, por no encontrarme con él, al girar la cabeza descubro la calle, enmudecida, los coches, que conversan en blanco y negro con los semáforos, el baile de los focos en el asfalto mojado. A Lina, en suspensión, saltando desde la acera hasta la segunda raya blanca del paso de cebra, sobrevolando el charco de agua que se acumula y al niño Enrique, tan atento al reflejo que no advierte cómo de su bolsillo se escapan canicas y arena. No hace falta que me pregunte qué andará buscando; le guiño un ojo, porque todos buscamos lo mismo, el principio del mundo. Alargo la mano, necesito que veas todo esto. Entonces, tu gabardina cae al suelo, excepto por la codera que sujeto en mi puño. Un estruendo de truenos y cláxones rompen la ciudad, ahora un periódico pisoteado por una treintena de pies. Todo recupera su color de garganta oprimida; los nervios del mundo son cortados por las ráfagas veloces de los limpiaparabrisas, los gallos cacarean desde la planta baja del mercado y yo miro hacia el escaparate y sólo me encuentro a mí, sigo gesticulando por un tiempo, percibo a las chicas que se tapan la boca con risa en los ojos, a los hombres que cambian de acera. De mis manos se caen pedazos de vida, los puños de mi chaqueta están sucios. Dirijo la mirada hacia el suelo, la piel raspada, sin brillo de mis zapatos, mis pies dentro de unos calcetines de deporte gastados ¿Es posible que haya pasado tanto tiempo desde la última vez que compartimos aquel cigarro?


09 octubre 2012

¡Vasectomía para él! ¡Ligadura de trompas para la señora!


El mundo es un collar de perlas
jamás me perdonaré esta comparación tan cursi
el mundo es un collar de perlas
y el niño, gritón y llorón, que come más de lo que ganamos
que se caga que berrea que llora que dice todo para mí
esto para mí eso mío también
el niño, gritón y llorón, tira del collar
y una a una van cayendo al suelo las perlas
tan brillantes, tan blancas, tan todo que parecen
de mentiras, que han de ser robadas
y nos apresuramos a recogerlas, las recogemos
una a una, temblando, llorando y sorbiéndonos los mocos
mientras con la mano libre tratamos de que el niño no se caiga
no llore, no se cague, no huela, no moleste y se lo coma todo
no podemos permitir que los vecinos se enteren
de que somos unos malos padres.

06 octubre 2012

La caja de Otto


Con el dedo movemos las agujas del reloj,
los cuerpos. Difuminamos
el contorno de los ojos. El cuarto vacío;
la cama de 90, las cortinas, el escritorio
con pegatinas de Son Goku. Entramos
nuestro aire tuerce los cuadros,tiramos
de uñita, los sombreros. Se cae. Todo.
La mentira, el no saber querer
el hacernos daño. Y entonces,
la cara B de la vida; tan roja, tan brillante.
La vida, siempre la vida, repitiéndose, 
una y otra vez, apretándonos muy fuerte
hasta perder el aire, el sentido
la razón, a nosotros. Soplándonos el viento
a favor de perder. Y nosotros, 
quietos muy quietos, haciendo lenta la piel

corriendo al revés.

03 octubre 2012

V.A.


Según avanzas el vientre de luz se apaga.
Confuso, alimentas al hombre y al hambre
te sacudes la noche y al suelo caen
las cenizas del día.

Cuando todo se acabe,
estaremos tan abajo
que ni siquiera lo notaremos.

26 septiembre 2012

Franquezas


En la pared, un bosque
como un péndulo dorado,
va pasando las horas.
Zarpazos de ciudades
jirones de otras vidas
se cuelan,
hacia el final de la tarde.

Trato de zafarme,
al tiempo que me pregunto
para qué sirve todo esto.

24 septiembre 2012


Llueve. La casa, grande y desconocida, se extiende en un bostezo que suena a gruta. Se rasca la barriga con autosuficiencia y arrogancia. Para, minutos después, contorsionarse, tratando de alcanzar la región que queda entre omóplato y omóplato. Un clac-clac-clac inunda el espacio, como si fuera el mecanismo de un reloj de pulsera para gigantes. Al fondo del pasillo, las tripas de cobre resuenan y su eco llega acompañado de las pisadas amortiguadas por la alfombra, de un hombre camuflado en el negro. Avanza despacio, cansado, esparce su tristeza y derrama el líquido del miedo por debajo de las puertas. No sabe hacia dónde camina, la desgana hace que enganche las punteras de sus zapatos contra la tarima cada tres pasos, de la misma forma en la que unos dedos culpables pasan las cuentas de un rosario.

Así, la niña tonta y asustada da de comer a sus palomas grises, escribiendo esto despacio en su cabeza. Al tiempo que se introduce debajo del edredón; con cuidado de no hacer ruido, de no respirar muy profundo, de no latir muy fuerte. Intentando estarse muy quieta porque así, seguro que el hombre se va.

21 septiembre 2012

El hombre de Textura


Observo cómo afilas
tu navaja. Un cuchillo de luz
cruza tu pecho. En él nacen,
como campanillas blancas, ladridos de mar.
Quemo el borde de la botella
mientras unas turistas se paran
y sacan sus cámaras.

Cuando lleguen a casa no podrán verte.

Vienen más turistas, con sus cámaras,
con sus flashes, con sus prisas,
se acercan, se agachan, se alejan,
tratan de coger perspectiva.

Pero para qué.

Nunca han deseado
saltar el cordón de terciopelo rojo y
de rodillas, con la nariz a milímetros,
repasar cada surco, con las yemas,
con la palma, hasta grabar la orografía
sobre la piel.

No saben qué es un hombre textura,
sólo entienden de tipos trama.

Me levanto y abandono la plaza,
con el sonido del hierro
persiguiéndome.

14 septiembre 2012


Tiras de la cortina de la ducha. El agua resbala tibia por mi piel, te quedas mirándome; un objeto más, un placer más, no ves nada más allá de mi piel, no ves nada más allá de mis rizos perfectamente deshechos por el agua, no ves nada más allá de las gotas posándose en el borde de mis labios, en el perfil de mi nariz. Yo tiemblo por la corriente de aire frío que entra después de tu gesto. Después de cualquier de ellos. Preguntaste una vez si te sería fiel siempre. Te contesté que fiel no, que yo no sé ser fiel, ni siquiera sé para qué sirve la fidelidad. Pero siempre seré honesta contigo –eso te contesté. Te reíste socarronamente, una más de mis ocurrencias. No me tomaste en serio, no le diste muchas vueltas. Pero yo sí; en el fondo, la fidelidad no sirve para mucho, la honestidad me parece una forma de fidelidad mucho más pura, más íntegra. Se extiende más allá del marco de una cama, del marco de una casa, más allá de la seguridad de la noche corriendo desnuda por nuestros cuerpos. Me recorres con la mirada y tiras de la cortina, de nuevo. Me abandonas en este cubículo extraño, esta caja torácica de vaho y azulejos rosas. Totalmente ajeno a mí, desapareces. Podrías haber encendido la televisión y pasar los canales, sin ninguna intención de quedarte más de dos minutos en cada uno. Eso era yo. Ese tu gesto. 


11 septiembre 2012

Me arrodillo despacio, como en una especie de ritual. Un ritual interior y pesado, al que sólo yo le encuentro sentido. Fue el viejo Corcza quien me enseñó a mentir. No es mentir, me decía, es sobrevivir. Ahora estoy aquí, delante de este altar, que no me pertenece a mí, ni a mi educación, ni a la sangre que corre por mis venas, que no tendría que significar nada para mí, ante el cual no debería bajar la cabeza, porque no es mío, porque no le debo nada. Sin embargo, al igual que aquellos que sienten pánico al hablar en público y se valen de muletillas, de frases hechas y algunos tics, como náufragos agarrados a unas tablas de madera, yo me valgo de supersticiones infantiles para hacer la vida. Invenciones que creé y con las jugué durante los largos periodos en los que mis padres abandonaban la ciudad y yo quedaba al cargo de una tía totalmente incapacitada para dar algo más que comidas. Así, bajo la cabeza y de rodillas, con las manos juntas, en un puño, rezo y miento. Rezo y pido. Rezo y me culpo. Y vuelvo a mentir ante un dios que no es el mío, pensando que si existe un dios, han de ser muchos y todos estarán en la misma estancia, compartiendo el té o el café o lo que sea que tome un dios a las cinco de la tarde.

10 septiembre 2012

Jarabe de la tos


Jarabe de la tos
espeso y blanco.

Jarabe de la tos
resbalando
desde el borde del frasco
hasta la cuchara.

Todos te laudan
y tú brillas en tu soledad
vidrial amarilla.

Jarabe de la tos
dice el médico que tú y yo
que yo y tú
tres veces al día
y yo ¡Ay!
¡Ya me empiezo a agobiar!

Jarabe de la tos
que inundas de azúcar
mis fosas nasales
mi paladar.

Jarabe de la tos
que dice mamá
que hasta el final
que lo aproveche todo
que no deje nada
que no haga tonterías

¡Oh! Jarabe de la tos
desde que apareciste en mi vida
toso más
ojalá te acabes
y me dejes de una vez en paz.

05 septiembre 2012

East Sussex


La ciudad, oscura y desconocida, tira su moneda al aire. Abre su boca y las calles extienden bloques rojizos, chimeneas industriales y el hambre postmoderno. Un cuerpo tendido sobre la hierba de un parque urbano, una isla verde crece en su vientre, la música se enrosca entorno a la arquitectura oriental, modifica las texturas, la estampa se acartona y unas manos pellizcan las especias de los sacos de esparto. Los graznidos de las gaviotas tiemblan en el cristal de la ventana, los buques del puerto suenan a frío pero Taylor, que lleva toda la vida trabajando en el mismo banco, fuma y lo ve todo pasar, y se frota las manos, que mañana ya se verá.

03 septiembre 2012

El borde de mí


Los carteles de OPEN anestesian la calle con su luz prostibularia. El eco de un bajo eléctrico inunda el paseo marítimo. T. se sopla las manos entumecidas, parece estar siempre al borde de abandonarlo todo. Ahora estamos los dos al borde de este mar pesado; este mar de cemento, de hormigón armado, abrazados a sendas tablas de madera y sin tener la menor idea de cuál es la mejor opción. Porque el náufrago del medio del mar sabe que ha de decidirse entre esperar o nadar hacia la costa. Pero ¿y el náufrago del borde del mar? Nadie puede rescatar al náufrago de la orilla, no hay equipos ni personal preparados para este tipo de náufragos. Marginales de la sociedad. T. se sopla las manos, desde lejos, en la distancia lo miro sin querer encontrarlo. Lo toco y con mi mejilla acaricio su barba, beso el arco de su nariz con mis labios. T. siempre está tan lejos, tan al borde de todo, que sólo se le puede tocar con el borde de las cosas; el borde de una canción, el borde de una mirada, el borde de una vida.

28 agosto 2012

Cruces


En el autobús de regreso a casa pienso en cómo detener esto. El cristal proyecta una extraña radiografía de luz sobre el suelo, un niño trata de entender esa visión; pisa la sombra, hace un puño con las ramas del árbol, tapa los agujeros que irradian luz, con la punta de los pies. No cruzaré los dedos. Siempre digo lo mismo. No cruzaré los dedos, no tendré miedo, miraré hacia adelante, seré fuerte, soy fuerte, creeré en mí, cambiaré el mundo, llevaré mi hogar siempre a cuestas, no deberé nada y todo será mío, no tendré suerte, no creeré en el destino, no daré explicaciones, no me esconderé. Y el niño comienza a girar, alza sus brazos, me llama, entro en su danza, la mirada llena de fuegos artificiales, conozco el juego, estamos juntos, tenemos prisa, el sol, alzamos aún más los brazos, los ojos en blanco, las bocas abiertas, esperando un milagro. El autobús gira y nosotros caemos. Pero adentro estamos corriendo tan a prisa, que los demás pasajeros oyen los cascos de caballos y giran su cabeza.

15 agosto 2012

Los cuentos de la naranja



Se descolgó del árbol y bajó la calle rodando. La piel en llama, el rastro sobre el asfalto. Los niños le daban patadas, magullada y hundida en una de sus caras, siguió por su camino. Abres el paquete de tabaco, quitas una de las lengüetas de cartón y te lías un porro. Yo remuevo el ron-cola con la pajita. Me mareo con su olor. Eso antes me pasaba. Pero era sólo un par de días después de un festival lleno de barro y noche. Luego volvía a las andadas. El viento sopla despacio. Los únicos lugares en los que merece la pena vivir son aquellos en los que aún quedan sitios en los que esconderse. Se arrima al bordillo de la acera, sigue su descenso así, la piel ligeramente levantada por el roce con el hormigón. Tú miras hacia la izquierda, concentrado en unos críos que juegan con un balón hecho con papel de periódico, atado con los cordones de los playeros. Yo miro hacia la derecha, conduzco la mirada hacia el punto de fuga de la calle. Creo un mapa vectorial. La naranja se queda detenida en el badén que forma un sumidero.

12 agosto 2012

Opus 55

Lanesville, 1958. Saul Leiter.

Tal y como corren las sombras de los pájaros
se aleja de todo lo que busca nudo o desenlace
tal y como en el colegio enseñan a sentir frío, 
a pedir perdón, a persignarse el cuerpo 
en el nombre de otro cuerpo, a cubrirse los hombros
para no provocar, (enfermos);
busca los hombres, los nombres,
la carne escondida, el sexo perdido
la memoria mentira.

11 agosto 2012

Recuento


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Cuántos nombres ficticios tengo,
en cuántas ciudades diferentes
he nacido. Cuántas veces he muerto,
antes, no mucho antes de ahora,
con bastante promiscuidad.
Cuántas otras dije que jamás lo haría.
Cuántas otras he sido inmortal.
Cuántas veces he bajado
justo en el momento en el que empezaba
a llover y he pensado que al fin había
encontrado mi lugar y cuántas otras
que jamás tendría lugar y he querido huir.
Y cuántas veces busco, con la mirada,
las ventanas o las puertas,
durante una conversación
en cualquier local.

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09 agosto 2012

Medio gato


Las sombras de los pájaros
curvan los canalones,
caen las últimas gotas de agua.

Caminar por el bordillo
de la acera y entre la gente,
nadie repara en nosotros.

Abrir los brazos,
dar un salto, abrir un mar
en la piel gris y humeante
de agosto.

01 agosto 2012

Sandra Lodi

¿Pelo pelusa? ¿Caracoles en la ciudad? ¿Palomas gigantes? ¡ES SANDRA LODI!


12 julio 2012

Barro en el parabrisas


Oh, el día otra vez.
Te tapas los ojos con el antebrazo
en un gesto de desgana,
el olor a vino inunda el coche,
a qué fotógrafo norteamericano
del siglo XX rindes tributo -pienso,
mientras me fijo en los
dos huesecitos de tu codo doblado.
Me muerdo los labios,
estrujaría la carretera hasta convertirla
en el resto de ese edificio
que sobrepasa el nivel del pantano
pero aún no sé porqué.